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Retrato de una mujer que dio la vuelta al mundo

BEATE Zimmermann

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Definir a Beate Zimmermann es hablar de vitalidad, muy visible en su sonrisa y en la mirada que observa con un profundo interés por lo que la rodea. Es el tipo de persona que define la frase “I never give up” (Nunca me doy por vencida) La imaginamos en aquel velero de doce imponentes metros, el Mauna Kea, cruzando el atlántico y se nos representa la imagen de una joven que se va descubriendo y va viviendo y va viajando para encontrarse. No sé, o sí, porqué hablando con ella me viene a la cabeza la narrativa de Mauricio Wiesenthal, ese gran explorados de libros, historias, ciudades que nos devuelve el tiempo lento del viaje, que Beate podía ser un personaje de esa galería extraordinaria que pasan por las páginas, la vida, la escritura de Wiessenthal o una narradora viajera a la manera de Lawrence Durrell. No es turista porque es viajera implicada en los escenarios y sus gentes y sus costumbres. Su libro a bordo del velero así lo indica, se exprime libertad de sus páginas, pero también por sus palabras fluye la excitación de toda iniciación.

“Entendí aquel viaje como una posibilidad única de documentarlo como la primera mujer alemana y, por ello, me dediqué durante todo el viaje a llevar con gran exactitud un diario. Por las noches en la mesa de navegación escribía largas cartas a casa, de las cuales la mayoría no llegaban hasta meses después y que mis padres guardaban. Tras mi regreso pude así apoyarme en una colección original de primeras impresiones, en la que se basa el libro”.

Ese libro, “Komm, wir segeln um die Welt“ (Vamos, demos una vuelta al mundo en velero“), es la narración de cuando en aquél entonces su primer marido, Peter Kammler, poco después de conocerla, le preguntó si quería dar la vuelta al mundo en barco de vela, “todo en mí irradiaba alegría y entusiasmo, cuenta: ¡Por fin me encontraba ante aquel reto personal que había estado esperando desde mi infancia! Tenía que afrontarlo, aún a pesar de todos mis miedos ante lo desconocido. Quería conocer, saber lo que había tras la puesta de sol – Rerum cognoscere causa”.

“Me deslumbró aquel paisaje de verdes brillantes y el pueblo, rodeado de montañas, que se deslizaba hacia un azul intenso y mediterráneo”

Todo resto es aventura y por ello conocimiento, pero también deslumbramiento y génesis, y tras los cuatro años y 32.000 millas marítimas que Beate recorrió a bordo del Mauna Kea la habían preparado para hacer frente a nuevos proyectos en tierra firme. Ya nada era igual y aquel viaje le valió, a la edad de 27 años, huir, navegando de un ya definido futuro como profesora recién licenciada, “que en aquél entonces me aterraba más que todos los por mi esperados sinsabores, amarguras y horrores en desconocidos y salvajes litorales. Me liberó de toda la estrechez de un Berlín en su tiempo encerrado, de la ciudad del muro y de la guerra fría”.

Y es esta travesía donde entra Almuñécar en liza. La joven viajera, primero a estribor en la ida y a babor a la vuelta, vislumbra un lugar paradisiaco en la costa andaluza: “Me deslumbró aquel paisaje de verdes brillantes y el pueblo, rodeado de montañas, que se deslizaba hacia un azul intenso y mediterráneo”. Se lleva la imagen y esa imagen se hace escenario vivo cuando ya separada de Peter conoce a Uwe, un joven publicista berlinés que tiene una casa precisamente en ese pueblo ( “una torre blanca de estilo árabe”). A partir de este momento un nuevo ciclo se abre y Beate y Uwe comparten vida y círculo: “Creo que mi marido y yo estamos en el mismo círculo y pensamos estar en él mucho tiempo”. Compagina Almuñécar con Berlín, se hace rural y cosmopolita o aprende a ser lo primero imponiendo su experiencia del mundo, del viaje, del encuentro.

¿Cómo es esa Almuñécar que tu descubres?
Era una Andalucía mediterránea, muy auténtica, acaso más que ahora. No obstante, no ha desaparecido su naturalidad. Ahora es más cosmopolita el de fuera y el nativo están más integrados, más fusionados. A mí la Almuñécar y La Herradura de entonces me la ha recordado mucho el libro de Felicia Hall, el cual he traducido al alemán este año “Se fue el Moral”. El libro de Felicia recoge las memorias de la gente que son voces quizás en algunos momentos muy tristes, pero también vibrantes y es necesario que sean recordadas. Estoy muy contenta con la traducción, porque hay que conocer a la sociedad, la cultura y la historia de aquí.

¿Y qué cambios encuentras de aquella a la actual?
Hay más extranjeros. Se vive más del turismo que del campo y las culturas y los idiomas se han mezclado más. La gente es más abierta y tanto los nativos como los extranjeros estamos más integrados y creo que existe un intercambio fértil por ambas partes. Almuñécar, desde hace unos años, viene experimentando un gran progreso cultural. Tenemos mucha música, mucha poesía. Tenemos, por ejemplo, a ese maravilloso poeta que es Tomás Hernández. Hay teatro, ballets, pintura. Todo eso no existía antes o probablemente existiera pero yo no tenía esa percepción y ahora encuentro una vida cultural muy activa. Eso enriquece y da progreso. Vuelvo a reiterar que los años que estoy viviendo aquí son imprescindibles y enriquecedores para mi existencia.

Beate, como las grandes sensitivas con ese touch francés de sus orígenes, sigue buscando en los otoños y los inviernos las calmas de la seducción y de la luz ( el verano lo pasa en una casa junto aun lago en Alemania). Sabe que la belleza perdida del mundo sigue encontrándose en esas estaciones llamadas temporada baja: aún cabe en esos días de otoño, en esas calmas de enero el paraíso que creíamos ido, pero aunque la aventura siga bullendo dentro, dice cuarenta años después: “mientras estoy aquí sentada, el velero en el horizonte navega adentrándose en la puesta de sol y me recuerda la libertad que puede encontrarse allá afuera. Y también me recuerda a la libertad interior que me he traído para siempre una vez de vuelta a mis orillas”.

Acerca de su vida…
Nacida en 1943 en Frankfurt/Oder, Alemania, Beate Zimmermann estudió filología alemana y ciencias de la actividad física en la Universidad de Berlin y en la Universidad de Kiel. En Kiel tiene sus primeras experiencias en navegación a vela y obtiene el permiso básico. En la Facultad de Pedagogía de Berlín cursa estudios de magisterio. En 1967 se casa con el ingeniero Peter Kammler. En 1969 obtiene la licenciatura. A partir de este momento comienzan los preparativos y se inicia la aventura de nuestro viaje. Tras tres años y medio de navegación alrededor del mundo y cerca de 32.000 millas marinas en el velero „Mauna Kea“, en abril de 1974 se cierra el círculo: la tierra realmente resulta ser redonda. En 1975 escribe sus relatos de viaje „Komm, wir segeln um die Welt“ („Vamos, demos una vuelta al mundo en velero“), un libro del que hasta la fecha se han impreso más ejemplares que millas marinas por ella navegadas conviertiéndose en best seller a nivel mundial. Al poco tiempo se divorcia de Peter, quien continua navegando, y se vuelva a casar con Uwe-Jens Zimmermann, un publicista de Berlin. En 1976 empieza una nueva trayectoria como periodista para diarios de Berlín y la revista “Yacht“. Asimismo traduce al alemán obras literarias inglesas que narran aventuras en veleros en las que se vivieron momentos apasionantes parecidos a los suyos. Beate ha seguido viajando a traves de Suramérica, Norteamérica y mucho por Europa.
Desde 1990 se mueve entre dos puntos: Berlin y Almuñécar en un ir y venir navegando al largo y sin guardias nocturnas.

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