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Diario Digital de la Costa de Granada

La sola Fe

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Los protestantes argumentamos en el debate con la Iglesia de Roma, que la “Sola Fe” en “Cristo solo” es el punto más importante y piedra angular de nuestra confesión evangélica y sobre el cual gira el corazón del debate teológico.  Los católico-romanos argumentan que la iglesia, su jerarquía, la tradición, y la interpretación normativa de su magisterio tienen igual legitimidad y autoridad que la Escritura misma, por lo cual aunque hablamos igualmente de la fe, no estamos hablando de la misma fe. Calvino describió la doctrina de la justificación por la fe sola como, “La bisagra principal por medio de la cual la religión se mueve” y Lutero la describió como, “el artículo por el cual la iglesia se mantiene o cae” Era tal su convicción que  afirmó: “Este artículo es la cabeza y piedra angular de la Iglesia, por el cual nace, se alimenta, crece, preserva y protege a la Iglesia; sin este la Iglesia de Dios no subsistiría ni una hora” Calvino en su debate con el Cardenal católico Sadoleto (1477-1547) dijo que la justificación por la fe era “la primera y más importante controversia entre nosotros”. Remueve el conocimiento de esta doctrina, dijo Juan Calvino, y “la gloria de Cristo se extinguirá, la religión será abolida, la iglesia destruida, y la esperanza en la salvación completamente derrotada”

No fue esta “sola fe” únicamente central para el movimiento de Reforma y su éxito, sino, y aún más importante,  respondió y responde  a una pregunta fundamental que cada uno de nosotros debería hacerse hoy mismo. Después de todo, la vida es corta y la eternidad nos aguarda. Un día me encontraré cara a cara con Dios. No puedo eludir ese encuentro. ¿Cómo podré ser “declarado justo” ante sus ojos? En otras palabras ¿Cómo puedo ser salvo? ¿Qué es lo que tengo que hacer? La respuesta: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:30-31) ¡Cree con todo tu corazón, con toda tu alma…” Podrás ser “absuelto” en su presencia, y declarado “no culpable”, no por estar viviendo una vida moral (nunca será lo suficiente moral), o por estar haciendo buenas obras (nunca serán lo suficientemente buenas), o por mi estricta observancia religiosa (nunca será lo suficientemente piadosa), sino por la fe sola en Cristo solo.

Naturaleza de la justificación por la Fe
La justificación es una declaración forense y judicial de Dios. En palabras del Catecismo Menor de Westminster, en la pregunta nº 33: ¿Qué es la justificación?

La justificación es un acto de la libre gracia de Dios, mediante la cual perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos ante sus ojos, solamente a causa de la justicia de Cristo que nos es imputada, y que recibimos solamente por la fe. (Ef. 1:7; II Cor. 5:21; Rom. 5:19; Gál. 2:16)

Por lo tanto no nos hacemos justos a nosotros mismos. No podemos, somos incapaces. El pecado que mora en nosotros lo hace del todo imposible. Es Dios quién lo hace posible en nosotros por medio de la fe en la obra perfecta del Señor Jesucristo. Sucede al sernos imputada (transferida) su justicia, lo cual nos declara inocentes.

El fundamento de nuestra justificación
No es la fe “per se” (por sí misma) que nos salva, sino la fe en Jesucristo (autor y consumador de nuestra fe). Nuestra fe no descansa en la fe misma. Muchos se confunden en este particular punto. Pues atribuyen poder salvífico a la fe misma, o afirman que mientras uno tenga fe, independientemente del objeto en el cual esta descanse, uno es salvo. El profesor B. Warfield llegó a afirmar: “No es, estrictamente hablando, que la fe en Cristo salva, sino que Cristo a través de la fe nos salva”

En relación con la obra de Cristo la Biblia usa diferentes lenguajes. Aludiendo al comercio “redimir” (Ro. 3:24), incluso al comercio de esclavo “comprar”, “liberar”. “rescatar”. Cristo ha pagado nuestro rescate, un alto precio por los suyos. La Escritura usa también el lenguaje del sacrificio ritual “propiciación por Su sangre” (Ro. 3:25-26) en el contexto de la justificación.

“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” 

 El medio por el cual somos justificados
No haciendo sino creyendo. ¿Qué es lo que tenemos que hacer para ser justificados?, ¿Qué es lo que tenemos que hacer para ser perdonados? Tenemos que creer. La fe es una mano vacía que recibe el regalo de la salvación. Pero al mismo tiempo no deberíamos pensar en la fe como un algo minimalista. No es solo el hecho de creer, lo que es nos declara justos. Sino Cristo quien es verdaderamente justo y por su obra perfecta esta justicia nos es imputada a nosotros. Por la fe sola somos justificados.

No hay nada por lo cual podamos ganar nuestra justificación. La recibimos simplemente por fe, e incluso entonces, la fe no es nuestra “es don de Dios” (Ef. 2:8-9) “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”. Por lo cual el apóstol pregunta: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”

Este es el corazón del Evangelio. La justificación no es la paga por nuestras buenas obras y buen comportamiento. No es algo que podamos ganar con nuestro esfuerzo. Pablo ilustra esto mismo en la vida de Abraham, cuando sigue haciendo su presentación del evangelio en el capítulo cuarto del libro de Romanos:

¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. (Ro. 4:1-5)

En palabras del Catecismo de Heidelberg, pregunta 61 ¿Por qué afirmas ser justo sólo por la fe? Respuesta: No porque agrade a Dios por la dignidad de mi fe, sino porque sólo la satisfacción, justicia y santidad de Cristo, son mi propia justicia delante de Dios (a), y que yo no puedo cumplir de otro modo que por la fe (b). a. 1 Cor. 1:30; 1 Cor 2:2.-b. 1 Juan.

 La naturaleza de la Fe que salva
¿Cuál es la naturaleza de la fe que justifica? Para los teólogos medievales, era conocer y creer el evangelio. Primeramente uno debe conocer (cognosco) en qué consiste el mensaje del evangelio. Y segundo, debe creer, asentir (assentio), al mensaje. Muchos todavía hoy en día se quedarían en este punto, creyendo que conocimiento y asentimiento son suficientes y constituyen lo que consideramos una fe bíblica. Nada más lejos de la realidad, en palabras de Santiago 2:19, “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” El diablo también conoce y cree.

Los autores de la Fórmula de la Concordia: “uno que tiene verdaderamente fe, no solo conoce el contenido del evangelio y cree que es cierto. Sino que bebe tener una confianza personal (fiducia), o lo que llamaríamos compromiso o rendición a Cristo”. La fe verdadera cree a Dios en todo y bajo cualquier circunstancia. Descansa y confía de todo corazón solo en Cristo, su vida impecable y su muerte sustitutoria y su gloriosa resurrección. Sabe que solo en Él se encuentra el perdón de los pecados y la vida eterna.

De nuevo y en palabras del Catecismo de Heidelberg, en su pregunta 60: ¿Cómo eres justo ante Dios? Respuesta: Por la sola verdadera fe en Jesucristo (a), de tal suerte que, aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, no habiendo guardado jamás ninguno de ellos (b),y estando siempre inclinado a todo mal (c), sin merecimiento alguno mío (d), sólo por su gracia (e), Dios me imputa y da (f) la perfecta satisfacción (g), justicia y santidad de Cristo (h) como si no hubiera yo tenido, ni cometido algún pecado, antes bien como si yo mismo hubiera cumplido aquella obediencia que Cristo cumplió por mí (i), con tal que yo abrace estas gracias y beneficios con verdadera fe (j).

(a) Ro. 3:21, 22, 24; Ro. 5:1, 2; Gál 2:16, Ef. 2:8, 9; Fil. 3:9 (b) Ro. 3:19. (c)Ro.7:23 (d) Tit 3:5; Dt. 9:6; Ezq. 36:22 (e) Ro. 3:24; Ef. 2:8 (f) 4:4; 2 Cor.5:19 (g) 1 Jn. 2:2. (h) 1 Jn. 2:1 (i) 2 Cor. 5:2 (j) Ro. 3:22; Jn. 3:18.

¿Hablamos de la misma Fe Católico-Romanos y Protestantes?
Los Reformadores creían que la justificación era un don, una gracia, un regalo de Dios por medio de la fe y aparte de las obras de la ley. Por el contrario el Concilio de Trento (1545-63) y el escolasticismo medieval definía fe como fides, creencia y aceptación del dogma. En una palabra: creer lo que la Iglesia dice, no es necesaria poseer una fe personal, ni haber tenido una experiencia personal, sino sólo el asentimiento con lo que el magisterio de la iglesia afirma es verdad. Es la fe del herrero: ¿Qué cree usted?, lo que la iglesia cree. ¿Qué cree la iglesia? Lo mismo que yo creo… Los reformadores por el contrario afirmaron que no solo era necesaria la fides (creencia ortodoxa) sino también la fiducia, confianza personal en la verdad revelada por Dios. La fe bíblica es la confianza en Cristo como suficiente Salvador, no en la Iglesia (Ro. 3:22-26).

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